March 15, 2020

One of the Lenten practices in the Catholic Church is the Way of the Cross on Fridays. It is believed that abundant spiritual graces are obtained from this great popular devotion of the Church. Earlier many indulgences were attached it. Every year thousands of people join the Holy Father in the Way of the Cross at the Colosseum in Rome, while in Jerusalem, every Friday throughout the year, there is the Way of the Cross on the Via Dolorosa. Moreover, thousands of faithful gather in their own respective churches on Lenten Fridays to participate in this devotion. This helps us to recall historically what Jesus endured in his last moments on earth and to recognize our own journey on earth to the spiritual paradise.

After the death of Jesus, shrines began to be built on Mount Golgotha. St. Jerome, in the 4th century, mentions that many people visited these Holy Places. In the 5th century, as it was not possible for many to visit the Holy Land, a few chapels were constructed at the monastery of St. Stephen in Bologna, Italy. These sites portrayed important events in the Passion of Jesus. Thus, the devotion to the Stations of the Cross began in Europe.

St. Francis of Assisi had an ardent affection for the humanity of Christ and His suffering. In 1217 he founded his first friary in Jerusalem in order to guard and promote the devotion to the sacred places. In 1342, Pope Clement VI declared the Franciscans “Custodians of the Holy Land” and even today most of the Shrines are still under their care. They also popularized this devotion in Europe and other parts of the world by building shrines adorned with paintings and sculptures representing the Stations of the Cross in their monasteries and churches. The Franciscans also created a “St. Francis Prayer before the Crucifix”. They gradually added this beautiful prayer at each Station.

Let us recite this prayer every day as we kneel before a crucifix at home and experience its power.

Most High glorious God, enlighten the darkness of my heart

Give me true faith, certain hope and perfect charity, sense and knowledge Lord,

That I may carry out Your holy and true command.

God bless us all!

Fr.Wilson TOR

Una de las prácticas de Cuaresma en la Iglesia Católica es el Vía Crucis los viernes. Se cree que se obtienen abundantes gracias espirituales de esta gran devoción popular de la Iglesia. Anteriormente muchas indulgencias se adjuntaron. Cada año, miles de personas se unen al Santo Padre en el Vía Crucis en el Coliseo de Roma, mientras que en Jerusalén, todos los viernes durante todo el año, se encuentra el Vía Crucis en la Vía Dolorosa. Además, miles de fieles se reúnen en sus propias iglesias los viernes de Cuaresma para participar en esta devoción. Esto nos ayuda a recordar históricamente lo que Jesús sufrió en sus últimos momentos en la tierra y a reconocer nuestro propio viaje en la tierra al paraíso espiritual.

Después de la muerte de Jesús, se comenzaron a construir santuarios en el Monte Gólgota. San Jerónimo, en el siglo cuarto, menciona que muchas personas visitaron estos lugares sagrados. En el siglo V, como no era posible para muchos visitar Tierra Santa, se construyeron algunas capillas en el monasterio de San Esteban en Bolonia, Italia. Estos sitios retrataron eventos importantes en la Pasión de Jesús. Así, la devoción a las Estaciones de la Cruz comenzó en Europa.

San Francisco de Asís tenía un ardiente afecto por la humanidad de Cristo y su sufrimiento. En 1217 fundó su primer convento en Jerusalén para proteger y promover la devoción a los lugares sagrados. En 1342, el papa Clemente VI declaró a los franciscanos “custodios de Tierra Santa” e incluso hoy la mayoría de los santuarios todavía están bajo su cuidado. También popularizaron esta devoción en Europa y otras partes del mundo mediante la construcción de santuarios adornados con pinturas y esculturas que representan las Estaciones de la Cruz en sus monasterios e iglesias. Los franciscanos también crearon un “St. Francis Prayer before the Crucifix ”. Poco a poco agregaron esta hermosa oración en cada estación.

Recitemos esta oración todos los días mientras nos arrodillamos ante un crucifijo en casa y experimentamos su poder.

Dios Altísimo glorioso, ilumina la oscuridad de mi corazón

Dame verdadera fe, cierta esperanza y perfecta caridad, sentido y conocimiento Señor,

Para que pueda llevar a cabo tu santo y verdadero mandamiento.

¡Dios nos bendiga a todos!