NICOLE HERLIN, DIRECTOR OF RELIGIOUS EDUCATION

Usually on the First Friday of Lent, I gather the children to let them dress in costumes and reenact Jesus’s passion and death as we pray the Stations of the Cross. This year, I can’t safely gather them, but that doesn’t mean that we have forgotten about Jesus’s passion and death. Families reenacted different stations at their homes, took photographs and sent them to me. We will use those pictures to pray the Stations of the Cross together at this month’s family meetings. Despite the heavy sorrow of the Way of the Cross, we rejoice with this month’s lesson that focuses on Jesus’s resurrection and ascension: “He is not here; He has risen!” Jesus teaches us through the Paschal Mystery that pain and suffering are not the end of the story.

I have always been deeply moved by the children’s wide-eyed reverence as we reenact the stations. Perhaps because I am a mother myself, the fourth Station when Jesus meets his mother always touches me. As a girl, I was so drawn to the image of Mary at the Annunciation. She was so beautiful, so pure, so faithful to God’s plan. As I have grown older, however, the image of Mary that speaks to me is Mary walking beside the way of the cross. How often do we walk heartbrokenly beside our older children in their hurt, not touching, not speaking, offering only the comfort of presence and proximity?

As Jesus suffered, Mary stood witness; she did not look away. The clearest manifestation of her faith and her love was her presence and proximity. In the moment of terrible pain, when she couldn’t touch, talk, or comfort her child, she continued to be faithful to God’s plan. There is so much pain around us right now; things we have no power to comfort with words or touch. Often the best we can do is put on our masks, stand at a distance, and offer our unflinching witness to show those who suffer that they are not alone. I encourage you as parents, grandparents, and people of faith to continue to model for the children your witness to your hope in the resurrected Christ through your prayers, your presence, and your love in face of the struggles of others. Like Mary, remain faithful to God’s plan, and re- member that the story doesn’t end with the cross.

May God keep you safe and bless you in mind, body, and spirit.

Por lo general, el primer viernes de Cuaresma, reúno a los niños para que los dejen vestirse con trajes y recrear la pasión y la muerte de Jesús mientras rezamos por las Estaciones de la Cruz. Este año, no puedo reunirlos con seguridad, pero eso no significa que nos hayamos olvidado de la pasión y muerte de Jesús. Las familias recrearon diferentes estaciones en sus casas, tomaron fotografías y me las enviaron. Usaremos esas láminas para rezar las Stations de la Cross juntas en lasreuniones familiares de este mes. A pesar del fuerte dolor del Vía Crucis, nos regocijamos con la lección de este mes que se centra en la resurrección y ascensiónde Jesús:”No está aquí; ¡Se ha levantado!” Jesús nos enseña a través del misterio pascual que el dolor y el sufrimiento no son el final de la historia.

Siempre me ha conmovido profundamente la reverencia de los niños mientras recreamos las estaciones. Tal vez porque yo también soy madre, la cuarta estación cuando Jesús se encuentra con su madre siempre me toca. De niña, me atrajo tanto la imagen de María en la Anunciación. Era tan hermosa, tan pura, tan fiel al plan de Dios. A medida que crecí, sin embargo, la imagen de María que me habla es María caminando al lado del camino de la cruz. ¿Con qué frecuencia nosarmamos desconsoladamente junto a nuestros hijos mayores en su dolor, no tocando, sin hablar, ofreciendo sólo la comodidad de la presencia y la proximidad?

Mientras Jesús sufría, María fue testigo; ella no miraba hacia otro lado. La manifestación más clara de su fe y de su amor fue su presencia y proximidad. En el momento del terrible dolor, cuando no podía tocar, hablar o consolar a su hijo,continuó siendo fiel al plan de Dios. Hay tanto dolor a nuestro alrededor en este momento; cosas que no tenemos poder para consolar con palabras o toque. A menudo lo me- jor que podemos hacer es ponernos las máscaras, estar a distancia y ofrecer nuestro testimonio inquebrantable para mostrar a los que sufren que no están solos. Os animo como padres, abuelos y personas de fe a seguir modelando para los hijos vuestro testimonio de vuestra esperanza en Cristo resucitado a través de vuestras oraciones, vuestra presencia y vuestro amor frente a las luchas de los demás. Al igual que María, permanece fiel al plan de Dios, y recuerda que la historia no termina con la cruz.

Que Dios los mantenga a salvo y los bendiga en mente, cuerpo y espíritu.